En 1998, tras la muerte de Pablo Escobar y la nueva constitución, todavía no hay un país en paz. La violencia urbana se recrudece. Comienza con la disputa de las zonas copadas por milicias urbanas, que llevó a eventos históricos como la «operación Orión», la operación militar urbana más grande que se ha realizado en Colombia, y desemboca en la hegemonía paramilitar a partir de 2002.
La globalización avanza, aumenta el acceso a internet de banda ancha, y a la televisión por cable. No hay mucha circulación de turistas internacionales en este período, pero internet facilita la comunicación global. Abre posibilidades de viajar a los punks locales, y trae bandas de Venezuela, Perú, México, Puerto Rico, Argentina y otros países latinoamericanos.
La escena musical local es más compleja y diversa. Hay una escena ska vigorosa, que a su vez le abre espacio al reggae, a las fusiones y el mestizaje musical. El rock alternativo y el grunge también son populares, y los seguidores del hardcore New York se diferencian claramente de la estética de la escena punk, y comienzan a producir bandas locales. Además, emerge una escena hip hop arraigada en los barrios populares.
Bajista. Gabriel Arango, integrante de Suburbia e I.R.A., en el lanzamiento del disco Entre Amigos de I.R.A en el bar La Barraca, centro de Medellín. Año 1999. Archivo John Ramírez.
El tour de la miseria. Miembros de Rechazo junto a la banda venezolana Apatía No en un concierto en Bogotá. Rechazo distribuía el periódico El Libertario de la CRA de Venezuela. Año 2000. Archivo Juan Arturo Piedrahita “Archie”.
Un grupo de punks jóvenes, seguidores de IRA, fundan la banda Rechazo, pilar de la escena anarcopunk. Inicialmente canta David Viola (vocalista de IRA). Después de su salida, la banda cambia de rumbo y funda un colectivo de acción artística y comunicativa, La Sombra Autónoma, y funda un fanzine, La Sombra. Además, empezaron un taller de serigrafía con el que hacían estampación y, ocasionalmente, impresión de afiches o volantes para eventos y acciones.
En el paso del siglo XX al XXI, se fortalece un proceso de politización de la escena que permite que las luchas sociales que interesaban a los punks trasciendan las categorías binarias de la guerra fría, también se instalan preguntas por la identidad sexual y de género, por lo étnico, lo ambiental y otros asuntos.
Una nueva camada de fanzines, cercanos a la escena anarcopunk, difunden idearios anarquistas y, fundamentos, prácticas y valores de la cultura HTM. Algunos colectivos locales distribuyen prensa anarquista nacional e internacional, como el periódico «El Libertario», del Comité de Relaciones Anarquistas (CRA), de Venezuela. Se evidencia una posición transgresiva en la escena de 1998, en la autocrítica hacia la actitud y la subjetividad punk «vieja guardia», es decir, de la primera generación de punks.
La politización de la escena también abre espacios de participación de diversos colectivos e individuos punk, como las marchas del 1 de mayo y otras movilizaciones populares. Allí, la cultura HTM también se manifiesta con la producción de volantes, fanzines y material gráfico alusivo al evento, o con la producción de pancartas o la introducción de consignas sacadas de estribillos de canciones punk. Estéticamente, se desarrollan también otros lenguajes como el esténcil y el muralismo, que permiten la incorporación del arte callejero al repertorio de prácticas de la cultura HTM.
Colectivo CASO. Foto del grupo en el Antimili Sonoro, acción contra la guerra realizada en el Parque Obrero, barrio Boston. Año 2000. Archivo Juan Fernando Subero.
Pogo callejero. El parche de Envigado se reunía en el pasaje de la Alcaldía; a veces sacaban una grabadora y armaban bailes, como este frente a la casa de Wilson. Año 2001. Archivo Juan Fernando Subero.
Hay articulación a movimientos y colectivos más allá de la escena punk, como el Antimili Sonoro, una acción directa sonora en contra de la guerra realizada a partir de 1998 por la Red Juvenil, una ONG antimilitarista, y posteriormente feminista. El evento se hace en asocio con diversas bandas y escenas locales. En un principio, el festival se celebra el sábado más cerca del 15 de mayo, día mundial por la objeción por conciencia al servicio militar obligatorio. El Antimili se convierte en un espacio de encuentro con otras escenas (skaters, hip hoppers, rude boys, rastas, metaleros, etc.), para aprender otras lógicas de autogestión de la música y otras formas de vivirla.
Surgen dos nuevos canales regionales, Telemedellín y Canal U (se suman a Teleantioquia, que existe desde 1985). Algunos programas están enfocados en la escena musical local, como: Sonido, El Ensayadero, Radio U, etc. Además, en la radio universitaria, colectivos como HagalaU, promueven y difunden la producción musical local, incluyendo el punk. Siguiendo el ejemplo del festival Rock al Parque de Bogotá, fundado en 1995, estos y otros actores de la institucionalidad cultural local comienzan a pensar desde 1998 en un festival parecido. En 2004 realizan la primera versión del Festival Altavoz, que es bastante modesta y todavía no tiene muchas pretensiones.
Además del rechazo a los valores establecidos, la nueva generación de punks empieza a construir unos nuevos, y a experimentar formas inéditas de subjetividad y relacionamiento. Se establecen relaciones más fuertes con movimientos sociales como el sindical, el estudiantil y algunos grupos de izquierda.
Surgen micro escenas en nuevos territorios, que con frecuencia orbitan alrededor de una serie de bares cercanos al punk, como El Sótano, el primer bar punk de la ciudad, fundado en la zona noroccidental en 1998, o Vancouver, que tuvo un rol importante en la consolidación de la escena anarcopunk. En los alrededores de la Universidad de Antioquia, surge el bar Bantú, donde se realizan conciertos de diversos ritmos. Poco a poco, toda la cuadra y el callejón al frente del bar se convierten en epicentros de la escena Punk Medallo.
Rechazo. Presentación de la banda en La Fonda del Cuervo, vía Las Palmas. De izquierda a derecha: “Lunar”, “El Mono”, Serna, “Archie”, “La Chuchis” y Gabriel. Año 2001. Archivo Juan Arturo Piedrahíta “Archie”
Preparando el concierto. Integrantes de Dexkoncierto e I.R.A. minutos antes de presentarse en el bar La Fonda del Cuervo. Año 2002. Archivo John Ramírez.
Un sector de la escena se embarca en el proyecto de buscar la sostenibilidad económica de sus caminos musicales. Si bien estas bandas conservan su independencia de los grandes sellos discográficos y replican de una forma propia la cultura HTM, se insertan en circuitos de circulación que van más allá de la escena y buscan impactar el mercado global de la música. Para lograr este objetivo se acercan a un sector de la institucionalidad local que asume la promoción de la música y la cultura como un escenario de atención de una población específica, la juventud, para la cual hay que definir políticas públicas relacionadas con el empleo y la economía. Otro sector, por su parte, se preocupa por conservar la autonomía de la escena frente a la institucionalidad política, económica y cultural de la ciudad y el país. Para estos punks, la cultura HTM está asociada con la autonomía frente al “comercio” y las posibilidades de agencia que ésta ofrece, en tanto exige la construcción de mercados y circuitos de circulación alternativos a los mayoritarios. Comienzan a promoverse las ferias de material alternativo y la venta de mercancía diversa de las bandas y colectivos, en conciertos y otros eventos de la escena.
PUBLICACIONES
Entre 1998 y 2004 se consolidó la producción y circulación de publicaciones no periódicas —fanzines, panfletos y cuadernillos— como medios de reflexión política y conexión con otras escenas. El acceso a internet amplió las redes de comunicación con colectivos y movimientos internacionales. Si bien el diseño digital empezó a predominar, la fotocopia siguió siendo una herramienta clave por su bajo costo y facilidad de reproducción.
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La Sombra, 1999. Fanzine del colectivo La Sombra Autónoma, integrado por Rechazo y otros, representativo del trabajo editorial anarcopunk de la época.
Mortezine. Número 4, 1999. Fanzine de Juan Miguel “El Enano”, un punk de Bello, centrado en difundir ideas, la historia del anarquismo y su visión internacional.
Lo Ke Keda. Número 4, 1999. Fanzine anarcopunk de Leonardo Correa (CASO, Envigado), con contenidos sobre anarcosindicalismo, solidaridad internacional, veganismo y lucha ambientalista.
PODCAST
En este cuarto episodio discutimos la emergencia de la escena anarcopunk. En primer lugar, este fenómeno responde en parte al acercamiento de algunos sectores de la escena a la institucionalidad cultural de la ciudad, porque implica un arraigo en la cultura HTM, su producción, sus redes y sus circuitos. Por otro lado, escuchamos algunos relatos sobre el clima cultural institucional que precede el surgimiento del Festival Internacional Altavoz en 2004, quiénes participan, cuáles son sus apuestas y sus intereses.
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VIDEO
La división que ya había empezado, y se profundiza a partir de 1998, es una importante evolución en la escena. Dos visiones del punk coexisten: una que busca la profesionalización y la sostenibilidad de los proyectos y otra que se arraiga en la autogestión y, con frecuencia, a la crítica política radical.
Dos ramas de un mismo árbol. Ambos senderos siguen caminando paralelos y en tensión mientras mantienen la llama encendida, entre escupitajos de flema.
LISTA DE CANCIONES
Esta lista de reproducción evidencia la escisión. Un sector se embarca con determinación en la profesionalización de su práctica: bandas de la escena punk y otras cercanas del ska, reggae y alternativa (que incluye la antigua escena post-punk). Otro sector persiste en la cultura del «Hazlo Tú Mismx», donde emerge particularmente y con mucha fuerza la escena anarcopunk.
REGISTROS DE VIDEO
Registros audiovisuales de toques en canchas, bares y fábricas; materiales que presentan lazos solidarios con procesos sociales y comunitarios; y documentales que muestran la tensión entre quienes buscaban profesionalizar su práctica artística y quienes permanecían fieles a la cultura HTM y sus redes autónomas de circulación. Estos videos permiten reconocer la inserción de la escena punk en circuitos translocales y sus conexiones con luchas más amplias e internacionales.